Riachuelo, Tuesday 15 de July de 2014

   Según encuestas y estadísticas oficiales, de cada cien salivazos apuntados y arrojados al cielo de manera vertical y perpendicular al suelo, más de noventa vuelven religiosamente a su respectivo dueño en calidad de enchastre…

   Acabo de pagar una multa de DOS MIL DOSCIENTOS PESOS por haberme excedido 9 (nueve) (¡NUEVE!) kilómetros por hora en una de nuestras rutas argentinas, y creo que ya es hora de decir algunas verdades (no menos perpendiculares)…

   Me gano la vida peleando cada día contra la ignorancia, tratando con todas mis fuerzas de aprender y de enseñar a ser mejores personas, intentando ser un ciudadano de bien y de provecho para esta sociedad, pagando mis cuentas y mis impuestos, ganándome, como quien dice, cada peso con el sudor de mi frente, estando en el colegio adelante de un montón de adolescentes que necesitan saber que su país es un buen lugar donde crecer y desarrollarse, y TRABAJAR DIGNAMENTE PARA GANARSE LA VIDA…

   Trato, cada día, de hacer que ellos entiendan que es de miserables y de ignorantes buscar el “dinero fácil” a costilla de los que realmente laburan… Y vengo de pagar una multa de 2.200 pesos por haberme excedido 9 kilómetros por hora… ¿Qué puedo decirles ahora sobre mi país?

   Es obvio que, como un montón de gente, me siento sumamente indignado y, aunque detesto ser pesimista, me cuesta demasiado creer en la justicia y en la honradez de los que nos “controlan”…

   Sin embargo, tengo mi conciencia en paz, porque siempre trato de respetar las reglas y sé que esta no fue la excepción, y aunque no es de caballero apilar excusas, también sé que “algo extraño” pasó ese día...

   Quiero ser concreto y dirigirme específicamente a los muy laboriosos trabajadores que manejan los radares y las camaritas buscando idiotas como yo para que mantengan sus bolsillos abultados con mi sueldo. Con el debido (¿debido?) y más absoluto respeto, pero también con una no menos absoluta vergüenza ajena, quiero decirles por este medio que haber contado hoy, billete por billete, y haber depositado DOS MIL DOSCIENTOS PESOS por haberme excedido NUEVE KILÓMETROS POR HORA en una ruta correntina (a la altura de Villa Olivari) me parece una total INJUSTICIA (por no decir AFANO), con más razón si se tiene en cuenta lo “casualmente” confusa de las señales y las tramposas ubicaciones entre tales señales y el radar propiamente dicho, pero claro, de eso no existen evidencias, por lo que nadie puede comprobarlo ni reclamar nada… 

   Y aunque es muy probable que no les importe, les cuento que fui con mi familia a SU provincia en calidad de turista, con ganas de pasar los festejos de año nuevo, y me vi obligado a volver de manera urgente porque otros ladrones habían entrado en mi casa, rompiendo ventanas y, por supuesto, también robando lo que, a duras penas, pude conseguir TRABAJANDO… ¿Y qué le digo a mis alumnos ahora sobre mi país? Lo cierto es que no les voy a mentir… Ya están sabiendo con qué se van a encontrar por esas zonas y a qué estrategias tramposas tienen que atender…

   Pero tampoco es probable que eso les importe a ustedes…

   Lo que sí es seguro es que ni yo ni mucha gente (que espero aumente de manera exponencial) vamos a volver a tener ese lugar como destino turístico… Prefiero (preferimos) elegir destinos con menos ponzoña y donde no se trate como delincuentes a turistas que exceden NUEVE KILÓMETROS POR HORA, mandándoles cartitas intimidatorias como si fuésemos una manga de criminales…

   Sin evidencias y sin pruebas es obvio que acá el que pierde es siempre el controlado y el que realmente labura… Y la sensación que persiste es recurrente: no sólo tenemos que cuidarnos de los delincuentes que entran en nuestras casas de manera violenta o que nos apuntan con un arma por la calle, sino que, cada vez más, también tenemos que cuidarnos de delincuentes disfrazados de autoridad y de seguridad, porque, aparentemente, en este maldito sistema/jungla, el que no afana es un gil…

   Por suerte, y como diría una cancioncita, en la vida todo vuelve, y aunque no les deseo nada malo, espero que ustedes, apreciados funcionarios y reguladores del orden público, entiendan algún bendito día que la dignidad humana no se consigue pisoteando la de los demás… Y ojalá que si ese día llega no sea demasiado tarde…

   Gracias, y hasta la próxima multa.