Nacional, Wednesday 6 de May de 2020

La década pasada la grieta tuvo un enorme protagonismo social. Muchas circunstancias hicieron que de a poco los argentinos nos fuéramos dividiendo en variantes cuasi futboleras e irreconciliables.

Esa grieta comenzó siendo política pero terminó siendo social y cultural, nos separó como argentinos, nos dividió como familias, nos alejó como amigos y fundamentalmente, nos corrió el sueño de ser una nación.

Con el fin de la década podríamos decir que nadie ganó y, por el contrario, perdimos todos, de hecho, la política debería reconocer que nuevamente perdió una década, donde habíamos descifrado cómo se ganan elecciones pero no cómo sacar un país adelante.

La década pasada nos deja como enseñanza que de la división nada bueno sale y ésta lo único que nos dejó fue más pobreza, una matriz productiva estancada y un núcleo social dividido, enojado y descreído.

Este 2020 será un año sin dudas recordado, aún es temprano para predecir cómo terminará pero lo cierto es que inicia una nueva década en la que dependerá de nosotros cómo queremos recordarla. La primera década de este siglo fue de crisis, la segunda de divisiones y grietas, ¿como queremos que sea la que estamos empezando?

La grieta es hija directa de la crisis, nuestro país oscila permanentemente entre la espectacularidad de la emergencia y el acostumbramiento. Nos enojamos y queremos que se vayan todos con la misma fuerza que nos acostumbramos a que nada cambie y todo siga igual.

La pandemia parecería querer instaurar una nueva y solapada forma de grieta: la “Disyuntiva” o “El dilema”. El famoso dilema entre salud y economía, dilema que no existe porque una no funciona sin la otra, no en medio de una pandemia al menos. Estos términos entran en colisión con quienes creemos que para salir adelante hay que dejar ciertas diferencias de lado y caminar hacia un proceso de unidad nacional.

Unir significa tocar intereses, romper status quo y reformular sistemas que vienen de larga data por eso muchas veces los procesos de unidad nacional terminan viéndose frustrados -pasó con Alfonsín en los 80-. De todos modos, los inconvenientes nunca pueden ser una excusa para los servidores públicos y es así como quienes activamente participamos en este inicio de década, debemos dejar nuestro grano de arena para poder avanzar.

La idea de un nuevo comienzo, con más unidad en las diversidades, menos confrontativo, parecería alertar a un lado y otro de la grieta. Quienes están cómodos en la división vieron con preocupación el hecho de que al comienzo, la pandemia lograra que la clase política deje diferencias de lado y entendiera que de esto, salimos todos juntos.

Si algo nos deja esta pandemia es el claro convencimiento de que el retroceso de los Estados solo puede terminar en sufrimiento de las personas que lo necesitan, cuando necesitan del Estado, basta con ver lo que sucede en países donde la salud pública es inexistente, por ejemplo.

Dejarse entrampar por falsos dilemas sería un error que solo daría beneficios a quienes hacen de la grieta un negocio político electoral con probado fracaso social. Debemos comenzar esta década articulando entre los sectores que creemos que hay que salvar a la Argentina de repetir los errores de siempre.

La pandemia en el mundo mostró la ineficacia de los gobiernos (de cualquier ideología) en materia de administración del Estado. Hoy, en plena crisis, nos damos cuenta que a lo largo de la historia, faltó Estado y sobraron malos gobiernos.

Cultores de retirar el Estado siempre habrá, es la fantasía secreta de muchos de los que creen que las injusticias sociales se equilibran solas o por arte de magia. Esto nos plantea grandes desafíos a quienes sí creemos en la política y el Estado: debemos resolver cómo administrar eficazmente los recursos que tenemos y así direccionarlos para solucionar los problemas que se avecinan.

¿Que vamos a hacer? ¿como vamos a salir? son preguntas que debemos responder rápidamente y, a mi juicio, la respuesta viene por el lado de entender que la suma de buenas ideas es fundamental para salir adelante. La cuestión está en privilegiar las buenas ideas y diferenciarlas de aquellas que sólo persiguen dogmas.

La articulación política de diversos sectores donde las afinidades en las ideas y concepciones sean similares, debería ser la premisa para todo lo que viene, sería sumamente negativo no aprender nada de esto y volver a repetir los errores y divisiones del pasado. Solo depende de nosotros.

Josefina Mendoza es diputada nacional (UCR-Pcia. de Buenos Aires)